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CASCADAS DEL RÍO FARO

En las calles de Redipuertas, último núcleo habitado del alto Curueño, se arremolinan los recuerdos: allí se entrega al Curueño el río Faro, después de sacudirse el sueño de la nieve en la Cascada del "Saltón", y cruzar la carretera por el puente "La Capilla".

Allí resiste el "Corral de Concejo" (ahora restaurado), donde se debatían los asuntos vecinales y se encerraba el ganado "prendado", durante los 3 días antes de la subasta de custodia o los 15 para la subasta pública, si el propietario no pagaba la multa por su infracción.

El cargo del Fiel de Fechos se inmortalizó en la piedra que sostiene el dintel de la casa de Pedro Cañón: el buril garbó en la piedra rosada árbol, cruz, balanza y escalera, los atributos de este antiguo noraio de la fidelidad de pesos y medidas.

El presidente de la Junta Vecinal custodia la "Vara de medir la nieve". Tenía dos cometidos: averiguar la altura de la nevada y marcar el tajo a los espaladores. También el ancestral Vaso Concejil, por el que los vecinos del pueblo bebían el vino después de los Concejos y Hacendaderas. Ahora renuevan la ceremonia una vez al año, cuando celebran la "Borregada", y terminado el rito, el vaso vuelve a guardarse, celosamente, a recaudo de ojos forasteros.

Para proponer esta ruta titánica por el cauce del "Río de Faro" se quedan cortos los adjetivos. El río es afluente, pero tiene la fuerza y la dulzura de la adolescencia. Su agua es casi mineral, golpeada en sucesivos saltos sobre el desplome de la caliza. Junto con su vecino reguero de "Bustarquero", el río de Faro es una de las escasas corrientes del mundo que puede beberse, desde su nacimiento a su final.

Si se toma el camino que acompaña al río, sorprenderá al viajero una sucesiva encadenación de cascadas y saltos de agua, solo posibles en estas latitudes.

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